Inicidencia

Definición

La incidencia hace referencia al número de personas que enferman o sufren un evento de salud determinado durante un periodo de tiempo concreto en una población específica. De forma más precisa, permite cuantificar el número de personas que experimentan nuevos eventos relacionados con la transición salud-enfermedad en una población definida y que aparecen a lo largo de un periodo de tiempo determinado. Siguiendo la analogía de la cascada, la incidencia equivale al agua que va cayendo (los casos nuevos).

Conceptualmente, el término incidencia tiene que ver con “aparición” de eventos a lo largo del tiempo, lo que la asimila a estudios que se definen como longitudinales o prospectivos. Sin embargo, desde el punto de vista epidemiológico, según por cómo se sitúa temporalmente el investigador respecto a la aparición de los eventos el estudio puede ser prospectivo (primero el investigador y luego aparecen los eventos) o retrospectivo (los eventos ya han aparecido cuando se inicia la investigación y se intenta reproducir la secuencia).

Población en riesgo

El denominador de la incidencia es la población en riesgo de padecer el evento, que se define como los miembros de una población que no presentan la enfermedad o el evento de salud de interés y están en riesgo de contraerlo. Estar en riesgo depende de varios factores, entre ellos la exposición a agentes causantes de enfermedad y la susceptibilidad a la enfermedad. Por tanto, deben excluirse de la población en riesgo a las personas que ya han desarrollado el evento objeto de interés (por ejemplo, quienes han sufrido un infarto, si se investiga la incidencia de primer infarto) o que no son capaces de desarrollar el evento objeto de estudio (por ejemplo, para estimar la incidencia de cáncer de ovario habría que excluir de la población en riesgo a las mujeres ooforectomizadas).

En función de la enfermedad o evento que se quiera estudiar, la población en riesgo puede incluir a quienes están expuestos a un agente causante de enfermedad y a los no expuestos, o en caso de enfermedades infecciosas a personas no inmunizadas, o bien abarcar a toda una población, por ejemplo, toda una ciudad o un país. La población en riesgo también se puede referir a poblaciones muy concretas. Por ejemplo, si calculamos la incidencia de una enfermedad laboral, la población en riesgo estará formada por los trabajadores de las ocupaciones en las que exista exposición a los factores de riesgo asociados a dicha enfermedad.

Especificación de un periodo de tiempo

La definición de incidencia implica designar un periodo de tiempo de seguimiento durante el cual se identifican los nuevos casos de la enfermedad o evento de estudio. Este periodo puede abarcar una semana, un mes, un año o un periodo de varios años. El periodo de tiempo de seguimiento está relacionado con el período de inducción de la enfermedad a estudio. Por ejemplo, si se quiere conocer la incidencia de cáncer (enfermedad con largo periodo de inducción), los periodos de seguimiento deberán ser más largos, mientras que si se quiere conocer la incidencia de gripe o catarro común (enfermedades con costos periodos de inducción) los periodos de seguimiento serán más cortos. Para determinar una incidencia hay que poder establecer el momento de inicio de la condición durante ese periodo de tiempo. Algunas condiciones agudas (por ejemplo, un infarto agudo de miocardio) pueden tener un momento de inicio fácilmente identificable. Otras (por ejemplo, el cáncer) pueden tener un momento de inicio indefinido, que se define por la fecha del primer diagnóstico confirmado de la enfermedad.

La incidencia puede medirse como un recuento de casos nuevos, como una proporción o como una tasa.

1. Incidencia como recuento de casos nuevos

Un ejemplo de incidencia como recuento es el número de casos nuevos de infección por VIH diagnosticados en una población en un año determinado.

2. Incidencia como proporción-Incidencia acumulada

Hace referencia al número de casos nuevos de una enfermedad o evento que se producen en un periodo de tiempo determinado. La incidencia acumulada estima el riesgo de desarrollar un determinado resultado de salud en un grupo de población o cohorte; así, hace referencia a la probabilidad de que un individuo desarrolle la enfermedad o evento en un periodo determinado (riesgo individual de enfermar). Los investigadores identifican cuántas personas que no tenían el resultado en salud estudiado al inicio del periodo, desarrollan el resultado durante el periodo de seguimiento. Si es posible seguir a todos los individuos de la cohorte durante un periodo de tiempo determinado, la incidencia acumulada es el número de eventos que ocurren durante ese periodo en relación con el total de la población que estamos siguiendo.

Cuando se calcula la incidencia acumulada, el resultado siempre debe ir acompañado del periodo de tiempo de seguimiento al que hace referencia para que tenga significado. Por ejemplo, el riesgo de desarrollar EPOC de una cohorte de trabajadores del sector metalúrgico es diferente si el seguimiento es de 1 año que si los seguimos 20 años. La incidencia acumulada se utiliza cuando se considera que todos los individuos de la población están en riesgo del evento de salud que se investiga, como en un estudio de cohortes prospectivo en el que la población es fija.

Como la incidencia acumulada es una proporción (los casos nuevos aparecen entre los sujetos sanos al inicio), su valor oscila entre 0 y 1 (o de 0 a 100 expresado en porcentaje). Cuanto mayor sea el seguimiento, mayor será generalmente la incidencia acumulada. Por ejemplo, la incidencia de mortalidad a un año en una población será baja, mientras que será del 100% al cabo de 120 años. Una particularidad de la incidencia acumulada es que en su numerador se contabilizan el número de personas que sufren el evento por primera vez durante el tiempo de seguimiento, no el número total de episodios que experimentan. Por ejemplo, si se sigue a una población durante un año para calcular la incidencia acumulada de catarros, las personas que no hayan presentado ningún catarro no se contabilizarán en el numerador, mientras que aquellas que hayan presentado varios catarros se contabilizarán una sola vez. Por tanto, la incidencia acumulada tiene en cuenta cuántas personas han presentado al menos un episodio, pero no el número total de episodios que ha sufrido cada persona. Esta es una de las diferencias con la tasa de incidencia, que permite contabilizar los episodios recurrentes y relacionarlos con el tiempo-persona en riesgo.

Ejemplo. Calculemos la incidencia acumulada (riesgo) de cáncer de mama posmenopáusico en España en un periodo de seguimiento de 10 años. La población en riesgo no incluiría a las mujeres que a inicio del estudio eran premenopáusicas, a las mujeres a las que se había extirpado quirúrgicamente las mamas, ni a las mujeres con un diagnóstico previo de cáncer de mama. Así, el denominador se fijaría en 40.000 mujeres tras eliminar a las anteriores. Después de 10 años de seguimiento se identificaron 1.000 casos nuevos de cáncer de mama a través del Registro de Cáncer. La incidencia acumulada es, por tanto, 1.000/40.000 = 0,025. Este valor es el riesgo de desarrollar cáncer de mama posmenopáusico a lo largo de un periodo de 10 años. Otra interpretación es que una mujer seguida durante 10 años tendría una probabilidad (riesgo) de cáncer de mama de 0,025. Como es una proporción, no tiene unidades y puede expresarse como un porcentaje (2,5 %) o por 100.000 mujeres (2.500 casos por 100.000 mujeres tras 10 años de seguimiento). Para que tenga significado hay que indicar siempre el periodo de tiempo al que se refiere.

Tener en cuenta. La incidencia acumulada se calcula a partir de una población definida al inicio del período de seguimiento. Por tanto, el denominador está constituido por las personas que, en ese momento, están libres de la enfermedad o del evento de salud de interés y pueden desarrollarlo. Como la población es fija, no se permite incorporar a ningún individuo en el denominador una vez iniciado el periodo de observación, y en el numerador solo se pueden incluir individuos que formaban parte de esa población fija al inicio del seguimiento y estaban libres de esa enfermedad o evento objeto de estudio. El cálculo de la incidencia acumulada exige establecer si todas las personas del denominador desarrollan o no el evento durante el periodo de estudio. Es decir, hay que hacer un seguimiento de toda la población para obtener información sobre la aparición de la enfermedad o evento. Esto puede ser difícil de lograr, especialmente cuando el período de seguimiento es muy largo porque algunas personas pueden abandonar el estudio, trasladarse a otra área geográfica o fallecer antes de que finalice el período de seguimiento. En el ejemplo previo del cálculo de la incidencia de cáncer de mama posmenopáusico, aunque los investigadores pudiesen identificar todos los cánceres diagnosticados dentro del área estudiada, podría suceder que algunas mujeres se hayan trasladado y los cánceres diagnosticados serían desconocidos para los investigadores. También podría ocurrir que otras mujeres hubiesen fallecido antes del final del periodo de seguimiento, sin que se disponga de información completa sobre su diagnóstico. En el cálculo anterior simplemente se contó el número de casos (mujeres que sufrieron cáncer de mama) en el periodo de seguimiento de 10 años (n = 1.000) y se dividió entre el número de mujeres en riesgo (n = 40.000). El supuesto implícito de ese cálculo es que cada una de las 40.000 mujeres fue «observada» durante los 10 años completos, algo que difícilmente puede ser cierto. Además, para poder formar parte de la población de riesgo (denominador), debes estar libre de la enfermedad a inicio del periodo de seguimiento. En numerosos estudios se asume que los sujetos no diagnosticados con la enfermedad al inicio están “sanos”. En el ejemplo anterior, se suele asumir que esas mujeres posmenopáusicas están “sanas de cáncer de mama” pero no se ha verificado esta situación con una mamografía, por ejemplo.

La mayoría de las regiones en las que vivimos y trabajamos contienen poblaciones dinámicas: las personas entran y salen de un área. Algunos individuos que no estaban en la población de estudio en el periodo basal (inicio del estudio) pueden trasladarse al área donde se realiza el estudio y enfermar; entonces el numerador aumenta, pero el denominador puede que no. A la inversa, si un individuo se traslada una vez iniciado el seguimiento a otro lugar y desarrolla allí la enfermedad, se contaría en el denominador pero no en el numerador. Una solución al problema de la movilidad geográfica y de las pérdidas de seguimiento es utilizar las tasas como indicador de riesgo. La principal salvedad es que las tasas solo pueden usarse para estimar el riesgo cuando el periodo de seguimiento es corto y la tasa de enfermedad en ese intervalo es relativamente constante. Nos podemos encontrar con tasas de incidencia calculadas con la población media como denominador, en lugar de la población en riesgo. Esta distinción es importante en las enfermedades que confieren inmunidad permanente frente a la reaparición pero en las enfermedades crónicas, a las que la mayoría de las personas parecen susceptibles, la diferencia es menos importante.

3. Incidencia como tasa-Tasa de incidencia

El término tasa de incidencia describe la velocidad de desarrollo de una enfermedad en un grupo de personas a lo largo de un periodo de tiempo determinado. Por tanto, la tasa de incidencia incluye siempre en su denominador el periodo de tiempo durante el cual la persona contribuye al estudio mientras está en riesgo de desarrollar el evento. Para ser válida, todos los sujetos deberían haberse seguido el tiempo suficiente para desarrollar la enfermedad a estudio. En esencia, la tasa de incidencia nos indica el número de casos por unidad de tiempo, por tanto, la velocidad de aparición del evento. Una tasa de incidencia incluye tres elementos importantes:

Numerador

El número de casos o episodios nuevos del fenómeno estudiado.

Denominador

La población en riesgo de sufrir el fenómeno estudiado.

Tiempo

El periodo durante el cual se acumulan los casos o episodios.

Tasa de incidencia = [(Número de casos o episodios nuevos durante un periodo / personas-tiempo en riesgo)] × factor de expansión (p. ej., 100.000)

Número de casos o episodios nuevos. La incidencia acumulada recoge los casos nuevos de enfermedad y la tasa de incidencia los episodios nuevos en el numerador. Esto significa que no se incluyen los casos o episodios que estén activos a inicio de seguimiento y que si se está estudiando una enfermedad que cursa con recidivas o en la que los sujetos pueden enfermar y sanar (catarro, gripe) tendríamos en cuenta cada episodio de la enfermedad cuando calculamos la tasa de incidencia.

Personas × tiempo: unidad de medida de la población en riesgo; se obtiene sumando el tiempo que cada individuo ha estado en el estudio sin tener la enfermedad. Es la solución cuando la población cambia durante el periodo. Quien ya es un caso deja de estar en riesgo y no debe aportar más tiempo en riesgo. Si el mismo suceso puede repetirse (infartos, infecciones), la incidencia suele referirse al primer episodio, aunque en términos de densidad o tasa de incidencia se deben contar todos.

La tasa de incidencia puede tomar un rango de valores desde cero (no hay episodio en el numerador) a infinito (gran número de episodios en el numerador, en un tiempo en riesgo muy pequeño en el denominador). Si bien esto es muy infrecuente, se suele poner de ejemplo la tasa de incidencia de mortalidad en Hiroshima o Nagasaki en el momento en el que caen las bombas atómicas para indicar muchas muertes (eventos) en un período de tiempo muy pequeño.

Continuando con el ejemplo del catarro. Si asumimos que un catarro tiene una duración de 3 días y comenzamos a seguir a una persona durante 90 días, puede suceder que la persona tenga 0 catarros (0 dividido entre 90 días en riesgo; 0 casos por sujeto y día); que la persona tenga 1 catarro (1 episodio entre 87 días en riesgo); que la persona tenga 2 catarros (2 episodios entre 84 días en riesgo); que la persona tenga 3 catarros (3 episodios entre 81 días en riesgo) y así sucesivamente. Se puede observar que la tasa de incidencia, velocidad de aparición del catarro, aumenta con el número de casos, aumenta el numerador, y disminuye el tiempo en riesgo de enfermar. El poder computar tiempo en riesgo y por tanto velocidad de aparición hace que la tasa de incidencia sea una medida de frecuencia de enfermedad más informativa que la incidencia acumulada.

Un dato interesante de la tasa de incidencia es que también podemos decir que su denominador es un producto de personas-tiempo. Es decir, si la tasa de incidencia tiene un valor de 0,0005 casos años-1 esto quiere decir que si se siguiese a un sujeto durante un año, tendría 0,0005 casos de enfermedad. Si fuesen 10.000 sujetos seguidos durante un año, tendríamos 5 casos de enfermedad, una tasa de incidencia de 5 casos por cada 10.000 sujetos seguidos durante un año. 10.000 sujetos seguidos durante un año son 10.000 años en riesgo y este tiempo en riesgo puede venir de seguir a 10.000 personas un año, o 1 sujeto durante 10.000 años. La tasa de incidencia seguiría siendo la misma, aunque en el segundo ejemplo asumiríamos que el sujeto es inmortal, y que también que se trata de una enfermedad curable, porque puede enfermar hasta 5 veces durante el seguimiento. La tasa de incidencia seguiría también siendo la misma si ese tiempo en riesgo (10.000 años), viene dado por 5.000 sujetos seguidos dos años, o por 20.000 seguidos durante 0,5 años (6 meses). Esto indica que ese denominador es un producto de personas-tiempo.

Ejemplo. Calculemos la tasa de incidencia de cáncer de mama posmenopáusico en una población de España a la que se le sigue durante 10 años. La población en riesgo de desarrollar cáncer de mama no incluiría a las mujeres que eran premenopáusicas, a las mujeres a las que se había extirpado quirúrgicamente las mamas, ni a las mujeres con un diagnóstico previo de cáncer de mama. Así, se parte de una cohorte de 40.000 mujeres en riesgo. Durante un seguimiento máximo de 10 años se identificaron 1.000 casos nuevos de cáncer de mama a través del Registro de Cáncer, y asumimos que todas se diagnosticaron en el año 5 de seguimiento. También sucede que no todas las mujeres se siguieron durante los 10 años: las 1.000 que fueron diagnosticadas, 100 que fallecieron por otras causas y 200 que se perdieron en el seguimiento (asumimos que, en todas estas mujeres que salieron del seguimiento, este finalizó a los 5 años). Por ello, el denominador no es el número de mujeres sino las personas-tiempo en observación, es decir, la suma del tiempo que cada mujer permaneció en riesgo. Ese tiempo suma 393.500 personas-año (1.300 mujeres × 5 años + 38.700 mujeres × 10 años). La tasa de incidencia es, por tanto, 1.000 / 393.500 = 0,00254 casos por persona-año. Para expresarla por 100.000 personas-año se multiplica por 100.000. Resultado: 254 casos de cáncer de mama posmenopáusico por 100.000 mujeres y año de seguimiento. Acabamos de calcular la tasa de incidencia expresada como una densidad de incidencia que es la «tasa de incidencia media por persona-tiempo»

En los estudios epidemiológicos es más habitual que se calculen incidencias acumuladas frente a tasas de incidencia, porque para esto último necesitamos saber en qué momento del seguimiento las personas enferman (es decir, dejan de estar en riesgo). La única forma de hacerlo es contactar periódicamente con ellas durante el seguimiento (cada mes, semana, día o año, en función de la enfermedad a estudio), para conocer cuando se produce el cambio de sano a enfermo, o enfermo a sano, y computar adecuadamente el tiempo en riesgo. Ello significa una complicación logística en tiempo, recursos, costes, difícil de asumir si el estudio tiene varios miles de individuos.